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miércoles, 31 de octubre de 2012

El Baldón: Quintana Roo, Casi el Paraíso Por: José Miguel Cobián




Tremendo ridículo  a nivel internacional el del gobernador de Quintana Roo, ¨Don Roberto Borge¨.
La novela ¨Casi el Paraíso¨ de Luis Spota, cuenta la historia de un italiano Don Nadie, que logra llegar a México y se hace pasar por un aristócrata de nombre Ugo Conti. Quien jamás vendría a desmentirlo por padecer de sus facultades mentales y estar internado.   Este caza fortunas logra entrar a la alta sociedad mexicana, gracias a la urgencia de los ricos nacos, que aspiran a codearse con la nobleza europea. Le toma el pelo a todo mundo, se hace de fortuna, mujeres, regalos, y es el socialité más requerido y esperado en fiestas y reuniones, hasta que el FBI descubre su identidad ante la gente de ¨Alto Pedo¨ y es expulsado del país.
Al usar la personalidad de Ugo Conti, este buscavidas sabe que llegar a México es llegar a la tierra de las oportunidades, dónde no hay aristocracia, pero sí una urgente necesidad de los ricos nacos, de demostrar su alcurnia codeándose con la alta sociedad europea. Sabe que nadie verificará su identidad, pues todo mundo querrá ser amigo de un príncipe, y sabe sobre todo, que el espíritu de la Malinche sigue enseñoreándose en los corazones de los nuevos ricos mexicanos.
     Lo mismo le pasó al gobernador de Quintana Roo, quien fue víctima de un charlatán argentino, quien le hizo creer que era titular de una organización afiliada a las Naciones Unidas,  y quien le explicó que el estado de Quintana Roo había competido contra las ciudades de Roma, París y Río de Janeiro, y que al final el estado había ganado para convertirse en la capital mundial del turismo por la paz en todo el mundo.
     El propio gobernador platica en entrevista, que recibió a Don Carlos Alberto Peralta (el argentino estafador) en la casa de gobierno, y de quien recibió la buena nueva.  Por cierto el gober culto (seguramente así le llamarán) le manda un saludo a Don Ban Ki Moon (que cosa más ridícula), agradeciendo la gentileza y el nombramiento para el estado.
     Nadie en el gobierno del estado osó verificar la información en las oficinas de la ONU. Nadie dudó ni pudo ver el traje nuevo del emperador.  Si el gobernador decía que el argentino era legítimo, la distinción para el estado también lo era, y nadie dudó un segundo, ni se atrevió a confirmar tal nombramiento. 
     Así, desnudo (en su ignorancia) ante la opinión pública de Quintana Roo, dejaron que su gobernador hiciera uno de los ridículos más sonados a nivel mundial. María Luisa Chávez, del departamento de información pública de la ONU en México desconoce a la organización mundial por la paz que preside el argentino. Informa que en sus fraudes ya son conocidos en todo el planeta, y que todo lo hace con el fin de obtener recursos económicos de aquéllos galardonados.
     Una vez más se repite la historia de Ugo Conti.  Una nueva aristocracia sexenal cae en una trampa burda, tejida con acento extranjero.  Un nuevo integrante de la casta divina, aspira a tener un título nobiliario, en este caso, embajador turístico de la paz, y cae en la trampa, por ambición pero sobre todo por ego desmedido. 
     Seguro hoy al gobernador de Quintana Roo le duele muy poco el dinero entregado a cambio del nombramiento (bien o mal no es suyo, es de los habitantes de su estado).  Sin embargo, lo que lo debe de tener dolido hasta el alma, es el tremendo ridículo, local, nacional e internacional.  Local porque el nombramiento se hizo en cena de gala, con discursos de por medio, ante lo más granado de la casta política y de la sociedad quintanarroense.  Nacional porque ya se supo, y seguramente Peña Nieto lo tendrá a la mayor distancia posible, lo que implica su tumba política, y un recuerdo imborrable en la mente de sus adversarios y enemigos que lo perseguirá hasta el fin de sus días.   Internacional, porque como muchas de las noticias que surgen en nuestro país, esta le da la vuelta al mundo, para demostrar una vez más, que somos una república bananera, gobernada por ignorantes ególatras. Aunque el gobernador culto, no sea ni tan ignorante ni tan ególatra como este acto lo presenta.

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