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martes, 11 de septiembre de 2012

El Baldón: Las fiestas de tradición. Por José Miguel Cobián






     El apego a las tradiciones tiene una utilidad trascendental para las nuevas generaciones, pues provoca un sentido de pertenencia a una comunidad y además, les informa de su pasado e historia.  Así se genera también cierto orgullo de pertenecer a una comunidad específica, que tiene un pasado común, y a la que unen diversos lazos, tanto de amistad como de convivencia a lo largo de la vida.
     México es un país dónde las tradiciones se respetan, se repiten y en muchos casos se olvida su verdadero origen, para convertirlas en ¨algo¨ que hacían los mayores, aunque no se sabe a ciencia cierta el por qué, y en muchos casos ni siquiera el cómo.
     Este comentario viene a cuento en función de una plática que con motivo de las fiestas de la Covadonga tuvimos, mientras circulábamos por las calles de Córdoba, ciudad hoy convertida en una mezcla de páramo lunar, y calles recién estrenadas en las que de verdad da gusto circular.
     Entre los comentarios, mencionábamos que en general los mitos o la mitología de la mayoría de las religiones del mundo tienen un mensaje positivo hacia los fieles que siguen tal o cual creencia. Un gran acierto de los evangelizadores del viejo y nuevo mundo, fue agregar a la mitología propia del catolicismo, muchos de los mitos de las religiones paganas a los cuales llegó a sustituir, generando un sincretismo que ha sido la base del éxito en la transmisión y enseñanza no sólo de esta religión, sino de sus derivados, aunque éstos últimos en muchos casos rechazan el uso de parte de esa mitología e incluso la usan como arma para criticar a la religión mayoritaria (en esta parte del mundo).
     Entre las cosas chuscas, se nos ocurrió imaginarnos la fiesta de la virgen de (póngale el nombre que usted quiera) en algún lugar del mundo, llevada a cabo por migrantes mexicanos, que hubieran logrado el éxito económico y social en el exilio, mientras que sus familiares en su lugar de origen, siguieran bajo el yugo de la pobreza y opresión social de un país cuyas finanzas son mal manejadas.
     Así, en lugar de sevillanas, tendríamos tanto inditas con su vestido de manta, como una multitud de trajes folclóricos, como el de la jarocha, la tehuana, la cordobesa, etc.  Y en lugar de bailar la jota, con gaiteros incluidos, tendríamos a las chicas bailando sones jarochos, huapangos de la huasteca, redova norteña, valses mayas, e incluso hasta una posible guelaguetza oaxaqueña.
     Curioso que mientras los paisanos españoles se encuentran muy divididos en su propia patria, llena de comunidades autónomas, sus descendientes en esta zona están muy unidos, y salvo las naturales envidias pueblerinas, forman una comunidad pujante y activa en la vida de Córdoba.  Mucho más activa que en otras ciudades, dónde la comunidad española se ha dispersado unida a la sociedad en general, en lugar de ocupar un lugar aparte –y selecto como en Córdoba-.
     La actitud es propia de la naturaleza humana. En Estados Unidos, hay zonas dónde los latinos suman más del cincuenta por ciento de la población, pero allá ante el empuje y organización de los anglos, todos los grupos latinos se han unido, aunque en su interior existen diferencias, y siempre hay sectores que predominan, como el de los cubanos en Miami, a pesar de la abundancia de colombianos, haitianos, venezolanos, mexicanos, jamaiquinos, y centroamericanos. 
     Córdoba es una ciudad con gran arraigo de la cultura española. Su excelente comida lo demuestra.  Ha sufrido los abusos de los primeros migrantes que pagaban kilos a precio de quinientos gramos, o vendían al doble de su costo los productos a los naturales de la zona, pero a cambio se ha convertido en una ciudad señorial, aunque todavía sometida a la conquista… Hoy comercial, industrial y de servicios.
     Qué buen ejemplo de la comunidad española. Ejemplo que generó ya la creación del club italiano, quienes con más prudencia se denominaron Italo-mexicanos.  Y ejemplo que debería de ser seguido por otras comunidades como la sirio-libanesa, tan involucrada en sus egoísmos personales, envidias y conflictos, que le impiden también unirse para formar su propio club.  Quizá parte del problema es que en la región, los hispanos y los ítalos han tenido mucho mayor éxito económico que los harbanos, lo cual les permite pensar en el ocio, y en la conservación de sus tradiciones.

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